Según el budismo, la naturaleza involucra un proceso de transformación continua, en tanto que la identidad egoica supone un mecanismo creado por avidya (ignorancia espiritual) que no es sino el puntapié inicial a nuestros puntos de vista distorsionados sobre la realidad. De allí que, según Alan Watts, el ego sea una ficción útil a los fines de otorgar unidad a nuestra experiencia, pero una trampa cuando se lo toma demasiado en serio. Ser “inteligente” en términos espirituales, va a representar, por tanto, la posibilidad sana de discriminar al actor del personaje ocasional que este interpreta.
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sábado, 4 de enero de 2020
lunes, 4 de noviembre de 2019
Instabilität (不穩定)
viernes, 22 de diciembre de 2017
viernes, 7 de julio de 2017
Versos para comer con atención
(por Thich Nhat Hanh)
Mirando el plato vacío
Mi plato, ahora vacío,
pronto será llenado
con comida preciosa.
Sirviendo la comida
En esta comida
veo claramente la presencia
de todo el universo
manteniendo mi existencia.
Contemplando tu comida
Este plato de comida,
tan aromático y apetitoso,
también contiene mucho sufrimiento.
Empezando a comer
Con el primer bocado,
prometo ofrecer alegría.
Con el segundo,
prometo ayudar a aliviar
el sufrimiento de los demás.
Con el tercero,
prometo ver el gozo ajeno,
en el mío propio.
Terminando mi comida
El plato está vacío
Mi hambre satisfecha
Prometo vivir
por el beneficio de todos los seres.
Lavando los platos
Lavar los platos
es como bañar un Buda bebé.
Lo profano es lo sacro.
La mente diaria es la mente del Buda.
Tomando té
Esta taza de té
En mis dos manos–
¡la atención se mantiene
en posición vertical!
Mi mente y cuerpo moran
en el aquí y el ahora
(Versos extraídos de un opúsculo del autor titulado “Momento presente, momento consciente”).
Pintura: Steve Simon
sábado, 1 de julio de 2017
Buscando la inmortalidad
"Buscando la inmortalidad", por Gloria Estela Varela Porras
(Texto extraído de: https://revistabamboo.wordpress.com)
Recordemos los temas de la ciencia ficción en donde se habla, para citar un caso, de viajes al espacio, de máquinas del tiempo que en una época eran increíbles y sobre las cuales el físico Stephen Hawking ha declarado que su construcción es posible, teóricamente hablando. Desde luego tenemos también el programa espacial de la NASA y una estación en el espacio…
Pero vayamos al grano aunque lo toquemos por partes. Como lo referente a la Alquimia además de discutible es complicado, entraremos en explicaciones detalladas tratando de aclarar lo más posible los conceptos básicos:
El taoísmo, (que ha tenido importante influencia no sólo en la cultura china) es, como palabra, derivada de un caracter de este idioma que se lee Tao o Dao y etimológicamente suele ser interpretado como “vía” o “camino”, aunque más bien podría entenderse como “intuición, sensibilidad, espontaneidad, vida” o de manera más abstracta como “sentido”. Su meta es la realización de la Unidad, que ésta se revele en las profundidades del Ser.
Si hablamos del Taoísmo a través de la historia, nos encontramos que en sus inicios éste era un conjunto de creencias que nacieron de la primitiva espiritualidad china y siberiana, que eran naturalistas, complementadas más tarde con la filosofía de Lao-Tsé—que se encuentra en el Táo Té King (El Clásico de la Vía y su Poder, o del Camino y su Virtud). Este libro es el más reconocido de todos de toda la literatura taoísta. Se calcula que existen 1390 libros de Taoísmo de diferentes autores, en la llamada Colección Taoísta Zheng.
En el siglo III A.C., el taoísmo se convierte en religión y un siglo más tarde, es ya un grupo religioso bien organizado. Actualmente presenta influencias de otras filosofías como el Budismo y el Confucianismo.
La Alquimia Taoísta
El objetivo más importante de la Alquimia china fue la búsqueda de la píldora de la inmortalidad y la juventud eterna a la que le llamaron “Chin Tan”.
En la primera época de la Alquimia se confiaba en encontrar los ingredientes para su elaboración en forma externa, (La Alquimia externa waidan recibió el nombre de Jindanshu «técnicas del oro y del cinabrio») buscando en una de las islas en donde se suponía que vivían los inmortales. Existían tres de estas islas de acuerdo a la leyenda, las que recibían los nombres de P´en-Lai, Fang Chang y Jenchou y también se habla de otra isla a la que se llamó Mu y que algunas personas relacionan con Lemuria.
Se conoció otro tipo de Alquimia, la Alquimia interior o interna: neidan: Jindan pai beizong o Quanzhen y Jindan pai nanzong que se dividió en dos grandes corrientes de Alquimia Interior conocidas como «del Norte» y «del Sur». Esta Alquimia se esfuerza por trasmutar las energías internas del cuerpo humano en energía espiritual, en unidad y sabiduría. Pretende armonizar las energías Yang, Yin para obtener el saber superior que es como un loto que espera impaciente a que lo abramos dentro de nosotros.
Este es el modelo de una alquimia secreta que implica la práctica sexual real o simbólica. El cuerpo se concibe como un templo viviente y el objetivo es perfeccionarlo para convertirse en algo más que humano absorbiendo energía de la pareja o de la parte opuesta al sexo del individuo (si es mujer de su parte masculina y si es hombre de su parte femenina) También se considera posible crear un embrión inmortal que madura en el vientre y se libera por la coronilla como cuerpo solar. Esto se supone que es la tan buscada victoria sobre la muerte.
Lao Tsé fue deificado como dios taoísta -un “inmortal”-, encabezando un enorme panteón de héroes folclóricos, generales famosos y sabios, todos los cuales alcanzaron la inmortalidad según el mito.
A la Alquimia Interior en China se le denomina el arte del amarillo y el blanco (por el oro y la plata o sus sustitutos).
Oro, plata, magia e inmortalidad
La tradición habla que la alquimia surge hacia el año 3000 A.C., aunque esto no es comprobable. Existen datos que nos podrían llevar al siglo VI A.C. Sin embargo, el primer informe escrito acerca de la alquimia lo encontramos en el libro llamado Shih Chi(Notas Históricas) redactado por Su Ma Ch´ien que vivió sobre los años 163 a 85 A.C. durante el periodo de la Dinastía Han (Siglo I A.C.) cuando la alquimia estaba muy extendida en China.
En el Shih Chi se consigna que en dicha disciplina además de la transformación de metales no preciosos en oro y plata, también se estimaba y trataban todas las formas de magia y encantamiento. Fuentes de cronistas de la época, nos cuentan que los alquimistas pretendían ser capaces de reconocer emisiones gaseosas del cuerpo humano, con las cuales podían adivinar el futuro.
El alquimista chino mas conocido es Ko Hung (284-361 d.C.) el cual utilizaba el seudónimo “Pao-P´u-tzu” y que publicó una extraña obra con este mismo nombre. Expuso de manera extensa y exhaustiva el sistema para la transformación de metales, como por ejemplo el cambio del plomo blanco en uno rojizo o al revés, y la fabricación del “Elixir de la Vida”. También mencionó una tintura dorada a la que denominó “Chin-Ye” que se podía comparar con la tintura Auri utilizada en la alquimia occidental.
Durante las Dinastias T´ang y la Sung , la alquimia gozó de protección y aprecio por parte de los Emperadores. El alquimista más conocido en ese periodo fue Chang Po-tuan el cual redactó un libro con el titulo de Wu-chen p´in (Tratado sobre la Alquimia) en el que comentaba muy extensamente el secreto arcano del que el llamaba “El Elixir Interno y Externo”.
Al empezar la Dinastía Yuan (1279-1368) bajó la reputación de la Alquimia y los alquimistas se limitaron a comentar los escritos difíciles de comprender. A partir de la Dinastía Ming, los alquimistas desaparecen de la corte del Emperador y se refugian en las montañas.
jueves, 2 de febrero de 2017
Reflexiones en torno a la muerte (Alan Watts)
Capítulo de un programa conducido por Alan Watts en el año 1959, correspondiente al ciclo "Eastern Wisdom and Modern Life" y que fue producido por la estación de noticias KQED.
Profundas reflexiones en torno a la muerte, la vida en el más allá, la consciencia y el yo, de acuerdo a las intuiciones de uno de los más geniales divulgadores de las filosofías orientales en el siglo XX.
Te extrañamos, Alan.
Parte 1
Parte 2
martes, 11 de octubre de 2016
Transformación
"Quisiera insistir en el hecho de que las religiones del Lejano Oriente -como el hinduismo, el budismo y el taoísmo, por ejemplo- no requieren de ninguna creencia concreta, no imponen obediencia a mandamientos emanados de las alturas y tampoco exigen la ejecución de ningún ritual específico. Su objetivo no son las ideas o las doctrinas sino que, por el contrario, constituyen un método para la transformación de nuestra conciencia y de nuestra sensación de identidad".
Alan Watts
jueves, 6 de octubre de 2016
Sufrimiento, libido y noción del Yo en la psicología y el Budismo
Si hablaremos de psicología, a la que nos referiremos es a la psicología clínica, es decir, aquella originada en el klinein, en el inclinarse del antiguo médico sobre el lecho del paciente sufriente (klinike era la práctica medieval de atender al enfermo que se encontraba recostado en su cama), tal como lo indica su significado original.
La psicología clínica nace motivada en dar una respuesta integral y eficaz al sufrimiento humano, a las vicisitudes que en el ciclo vital atraviesa toda persona, y al carácter conflictivo del hombre mismo, en toda su dimensión.
Y es esta misma preocupación originaria la que determina el surgimiento de la filosofía del príncipe Siddharta Gautama, el llamado Iluminado. Del otro lado del mundo, y con varios siglos de anticipación, el Budismo surge haciéndose las mismas preguntas, en un sentido puramente existencial y metafísico. En el mismísimo punto de partida del camino del príncipe Siddharta encontramos su preocupación primordial por la condición sufriente del hombre. ¿Por qué envejecer y morir? ¿Por qué sufrir? ¿Cúal es el sentido de la existencia a la luz de la multitud de pesares a las que estamos sujetos en nuestra condición humana actual? Todas estas preguntas se las hará el joven príncipe en el inicio de su recorrido espiritual; recorrido que, y ateniéndonos a los registros biográfico-legendarios que tenemos de su existencia, trazaran la multitud de vivencias que lo acompañarán hasta el despertar (satori) a la sombra del árbol bodhi.
Este primer paralelo nos deja entrever la afinidad original existente entre la psicología, en su dimensión clínico-asistencial y la filosofía de vida budista. Ambas tienen al hombre como objeto de estudio y de interrogación desde el comienzo, y ambas buscan brindar una respuesta y una solución a la misma condición sufriente que atraviesa al hombre en todas las etapas de su vida.
La historia nos cuenta que, habiendo crecido rodeado de multitud de placeres y privilegios, el príncipe Siddharta fue objeto de lo que en la historiografía del Budismo se conoce como las cuatro visiones, con motivo de un desfile ceremonial en el imperio de los Shakya, su tribu de origen. Su padre, que estaba advertido del destino de asceta que le deparaba al joven príncipe, y decidido a impedir por todos los medios que la profecía se cumpliera y que Siddharta abandonara la vida palaciega para dedicarse a los asuntos espirituales, había procurado evitarle cualquier tipo de contacto con las cosas del mundo exterior, especialmente con los sufrimientos y pesares de la vida misma. Empero, no puede eludirse el Dharma universal, y fue en esa ceremonia imperial en la que los ojos de Siddharta tomaron contacto por primera vez, en sus veintitantos años de vida, con la realidad del sufrimiento. Un muerto, un leproso, un anciano y un saddhu (monje) fueron las cuatro visiones que el príncipe tuvo en esa ceremonia, a pesar de los intentos paternos de limpiar el camino de todo estímulo perturbador. No había caso, el destino del joven príncipe debía cumplirse.
Fue entonces que, perturbado por estas visiones, decidido a encontrar una explicación a tanto sufrimiento y dolor, conmovido a su vez por la paz y la serenidad espiritual irradiada por el anciano asceta, Siddharta tomó una decisión radical, la gran decisión: abandonó todo. Palacio, esposa, hijo y un futuro como rey de su tribu quedaron atrás para el príncipe, que ya había encontrado un sentido para su vida, un camino de búsqueda que respondiera a sus interrogantes profundos. El Budismo nace así, al igual que la psicología clínica, con el fin de brindar una ayuda y una respuesta práctica (y también teórica y existencial, según el caso) al problema del sufrimiento.
Se ha dicho más de una vez que el budismo es la más psicológica de las filosofías orientales. Y en efecto es quizás, el sistema de pensamiento oriental que más aportes ha hecho y con el cual mayor cantidad de puentes pueden establecerse si de saber psicológico se trata. Ya hemos visto la motivación originaria del fundador del budismo, y hemos podido tomar nota de coincidencia con los fines de la psicología clínica. Ahora bien, ¿qué más ha dicho la filosofía del Buda que nos competa como psicólogos? ¿qué otros conceptos propone dicha filosofía? Para responder a esta pregunta, tendremos que tomar en consideración algunos conceptos pilar de esta filosofía existencial, conceptos entre los cuales, destacaremos el de impermanencia (Annica) e impersonalidad (Anatta).
Por otra parte, al hablar de Anatta o impersonalidad, nos será de suma importancia considerar como es que el Budismo entiende al Yo, mejor dicho, que es el Yo para el Budismo.
El Budismo habla del Yo como de un conjunto de cinco elementos o agregados. Uno es físico, y el resto son mentales. La forma, el primero de ellos, está constituida a su vez por los cuatro elementos que integran la materia: tierra, agua, aire y fuego. El segundo elemento es la percepción, es decir, la facultad sensorial por la cual tomamos nota y conocimiento del mundo, y de todo lo que nos rodea. El tercer elemento es la sensación, esto es, la impresión que causan los objetos sobre los sentidos. El cuarto elemento es el esquema o hábito mental, que se constituye como producto de las impresiones reiteradas. Y finalmente, el quinto y último elemento es la conciencia, objeto de transmigración entre una reencarnación y otra, para algunos budistas.
Cuando una persona muere, de acuerdo a ciertas corrientes del Budismo, el cuerpo se desintegra y cada elemento constitutivo, tierra, agua, aire y fuego vuelven a sus respectivos orígenes. Y así como existen receptáculos para los elementos físicos, también se supone la existencia de reservorios de carácter más abstracto para los elementos mentales. De esta manera, podemos suponer que para reencarnar, es necesario que se vuelvan a reunir los cinco componentes, volviendo, en esencia, la conciencia, el único que se va modificando a lo largo del proceso de muerte y renacimiento, para ir perfeccionándose progresivamente, hasta alcanzar el Nirvana o liberación.
Entonces, cabría ahora preguntarnos: ¿qué hay del yo y de la identidad a la que tanto nos aferramos en occidente y cuya conceptualización es tan crucial para la psicología? Efectivamente, solemos entender al yo como aquella instancia psíquica que nos imprime una copia de la realidad, que obtiene las percepciones del mundo exterior e instaura además, y de acuerdo a la teoría psicoanalítica, el principio de realidad que destituye al principio de placer. El yo integra nuestra identidad, que es aquel sentido que proporciona a la personalidad una unidad y coherencia en el tiempo. Es debido a que poseemos identidad, que somos y nos reconocemos como nosotros mismos en las distintas épocas de la vida, y cuya naturaleza está por lo tanto perturbada en mayor o menos medida, en las distintas patologías mentales. Ahora bien, si todo es transitorio y al momento de morir, todo aquello que nos constituye desaparece (excepto recordemos, la conciencia, cuyo concepto difiere del de identidad y yo), ¿qué hay del yo y de la identidad para el Budismo?
Pues bien, el Budismo responderá que no hay tal yo permanente, ni tampoco tal identidad. Dado que todo es impermanente y fluye, y que no existe ningún eje que nos defina como seres individuales, indiferenciados, y poseedores de una mismidad que nos haga únicos y diferentes al resto, nuestro yo es insubstancial, es decir, no posee ningún fondo o contenido propio que haga que, por ejemplo, exista un pensador detrás de cada pensamiento. Somos, en tanto y en cuanto los cinco elementos que nos integran están unidos por el tiempo que dura nuestra vida. Cuando estos elementos se separan al morir, sólo queda la conciencia que trasciende, pero ya no hay substancia de ningún tipo, y por lo tanto, ya no hay yo ni identidad.
Algunas escuelas budistas antiguas irán más lejos aún, alegando que ni siquiera la conciencia permanece tras la muerte corporal, por lo que ninguno de los cinco elementos constitutivos perdura tras el cumplimiento del ciclo de la vida. Según esta concepción, lo único que generará las condiciones para un nuevo nacimiento será el karma, aquel eco impersonal que brota como respuesta de todo cuanto hacemos, decimos y pensamos.
Por último repararemos en la noción de líbido, concepto psicoanalítico entendido por su fundador, y que aquí simplificaremos, como aquella energía, considerada en su dimensión de magnitud cuantitativa, que siendo vital e instintiva gobierna el inconciente y dirige la conducta hacia el placer.
Cuando el Budismo habla de deseo como causa del sufrimiento, se refiere fundamentalmente al apego, esa sed infinita que continuamente tiende hacia un objeto distinto, encerrándonos en un círculo vicioso que no nos permite salir. En este sentido, difiere del sentido que Freud le daba a la palabra líbido. Puede haber, de acuerdo a la filosofía búdica, un tipo saludable de líbido, como lo es el instinto de conservación, el dar y recibir placer o amor; o bien un tipo destructivo, que es el que tiende a la desaparición y la muerte. Sin embargo, el deseo para los budistas, es causa y razón del sufrimiento debido a que la realidad nos demuestra constantemente que no obtenemos lo que queremos o deseamos, sino que muchas veces ocurre lo contrario, razón por la cual, el deseo nunca es en definitiva, ni en ningún caso, a diferencia de la líbido, positivo.
La preocupación por el sufrimiento humano, las nociones de yo y de identidad, y la conceptualización de la líbido y el apego son solamente algunos de los paralelos que pueden invitarnos a reflexionar sobre los posibles puentes a tenderse entre la psicología clínica y la filosofía budista. Estas palabras compartidas son solamente una introducción, una invitación a continuar profundizando el diálogo entre la psicología de Occidente y los senderos orientales de liberación, con fundamentos que rescaten lo mas auténtico, genuino y enriquecedor de estas concepciones ancestrales de la vida.
Bibliografía básica:
* Laplanche, Jean; Pontalis, Jean. Diccionario de Psicoanálisis.
* Tallaferro, Alberto. Curso básico de Psicoanálisis. Editorial Paidós, Bs As, 1970.
* Wolpin, Samuel. Todas las respuestas del Budismo. Ediciones del Amanecer Dorado, Bs As, 1992.
lunes, 1 de agosto de 2016
Apología del Taoísmo
Erraría quien quisiera encontrar la expresión genuina del Taoísmo en los ritos demasiado groseros, en las vulgares supersticiones, en los usos mágicos que absorben y constituyen gran parte de la vida religiosa del pueblo chino.
Este Taoísmo no tiene mayores relaciones con el Taoísmo primitivo que las que pueden existir entre las creencias lamanísticas y el Budismo de Sakyamuni. Y por lo demás, este hecho se explica. Taoísmo y Budismo, en su esencia originaria, fueron formulaciones de pensamientos filosóficos que, por el contacto cada vez más íntimo con la vida, se modificaron a la vez en sistemas religiosos, los cuales tanto más se bastardearon cuanto mayor fue la fortuna que tuvieron.
Y esto debía ocurrir mucho mejor en el Taoísmo, en donde el elemento especulativo tiene tanta preponderancia, que ha hecho creer a algunos críticos que se trata de un sistema metafísico puro y simple, que excluye completamente toda exigencia ética.
Equivocadamente, porque la indagación metafísica sólo sirve de propedéutica a aquellos preceptos de carácter y valor puramente prácticos que constituyen, en realidad, el objetivo esencial del Taoísmo antiguo, para el cual el conocer sólo es un necesario instrumento para obrar bien.
Apología del Taoísmo.
Giuseppe Tucci.Editorial Dédalo.
Este Taoísmo no tiene mayores relaciones con el Taoísmo primitivo que las que pueden existir entre las creencias lamanísticas y el Budismo de Sakyamuni. Y por lo demás, este hecho se explica. Taoísmo y Budismo, en su esencia originaria, fueron formulaciones de pensamientos filosóficos que, por el contacto cada vez más íntimo con la vida, se modificaron a la vez en sistemas religiosos, los cuales tanto más se bastardearon cuanto mayor fue la fortuna que tuvieron.
Y esto debía ocurrir mucho mejor en el Taoísmo, en donde el elemento especulativo tiene tanta preponderancia, que ha hecho creer a algunos críticos que se trata de un sistema metafísico puro y simple, que excluye completamente toda exigencia ética.
Equivocadamente, porque la indagación metafísica sólo sirve de propedéutica a aquellos preceptos de carácter y valor puramente prácticos que constituyen, en realidad, el objetivo esencial del Taoísmo antiguo, para el cual el conocer sólo es un necesario instrumento para obrar bien.
Apología del Taoísmo.
Giuseppe Tucci.Editorial Dédalo.
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