Mostrando entradas con la etiqueta Taoísmo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Taoísmo. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de agosto de 2020

Alejandro "Aon" Nepote: verdad, educación y consciencia

La tierra es un mosaico de dioses y creencias, de clérigos y profetas, de libros y textos sacros que hablan de impiedad, fe y pecado, son sólo los pretextos que los hombres invocan para luchar como fieras.” - Omar Khayyam-

Por lo tanto, lo que hay que dejar de hacer es luchar como fieras y, dejar de encabritarse con aquello que cada persona cree y en lo que pone su sentimiento. La crítica maliciosa para desprestigiar a quienes piensan diferente, todavía sigue siendo un síntoma de mentalidades vetustas.
Es un error considerar que el problema está en las creencias, puesto que el mayor inconveniente sigue siendo lo que se hace con ellas.
Mientras la persona se centralice en el objeto de su fe sin perjudicar a nadie, sin transgredir el espacio del prójimo, respetando a sus congéneres, y si lo que hace, lo hace con devoción y responsabilidad amorosa, está en todo su derecho de hacer lo que quiera, y no tengo duda que Dios estará con esa persona y en eso que hace de esa manera.

Es algo aberrante juzgar y condenar a una persona por pensar y sentir distinto. Eso pertenece a una etapa sombría de la humanidad que aun reverbera reminiscencias en los tiempos presentes. Por eso, las personas que sienten que están en el camino, requieren suma atención para detectar y depurar esta reacción vegetativa que aflora del subconsciente de la mentalidad más primitiva.

Toda persona, sin excepción, tiene su propia verdad relativa dentro de los márgenes de la ignorancia, siendo uno de los márgenes el que está marcado por el apego inconsciente a los espejismos de la ilusoriedad, mientras que, el otro margen, está determinado por la conciencia de la relatividad intrínseca e inexorable que facilita el desapego. Entre medio de estos dos extremos de verdades relativas, se expresa una gama de matices que van desde la fe ciega puesta en realidades hipotéticas, hasta la certeza y convicción sobre realidades empíricas, siempre dentro del contexto de lo relativo.

Todos los seres humanos estamos sujetos al extenso parámetro de la ignorancia. El genio de Sócrates no se equivocó en su percepción de no saber nada.
No obstante, dentro de este parámetro de verdades relativas, es necesario desarrollar una educación desde lo estatal y a nivel mundial con vista a sembrar las semillas de la nueva humanidad en cada seno familiar, que haga hincapié en la solidaridad, la cooperación y el servicio al prójimo.
Hay materias de estudio que en la educación regular todavía no tienen cátedra. Me refiero a cursos basados en la sabiduría ancestral que los pueblos originarios transmitieron por generaciones desde la propia infancia.
Para ir gestando la nueva humanidad habría que pensar en una educación que incluya, por ejemplo, ética humanista y relación ecológica con el entorno, cocina y alimentación saludable, desarrollo bioenergético y expansión de la conciencia, entre muchas otras materias fundamentales para la vida. Habría que mejorar la enseñanza primaria y preparar a los niños para una visión de economía participativa y ganancias compartidas, consumo inteligente para el desarrollo sustentable, amor a la naturaleza y a los animales, y espiritualidad universal basada en el sincretismo. Indispensable para cambiar la mentalidad que rige en la actualidad, la cual está llevando a la humanidad hacia las fauces del abismo.

La educación no es un mero asunto de adiestrar la mente. La instrucción contribuye a la eficiencia, pero no produce integración. Una mente educada de esta manera es la continuación del pasado, y no está en condiciones de descubrir lo nuevo. Es por eso que para averiguar en qué consiste la verdadera educación, tenemos que examinar la total significación de la vida.” -Krishnamurti-

Sí, así es, todas las personas tenemos nuestra propia verdad relativa. Y hay que considerar que, las palabras “verdad” y “relativa”, conforman una combinación armónica preciosa entre dos conceptos que aportan grandes beneficios a la claridad mental y a la conciencia, sobre todo a la persona misma, ya que, el hecho de asumirlas, la vuelve más humilde.
Reconocer y aceptar que todo pensamiento es: “relativo”, impulsa a buscar otro pensamiento distinto para dar con una idea diferente, tal vez mejor. Por esta razón es tan beneficiosa la asimilación de que todo pensamiento es relativo.
Por otro lado, reconocer y aceptar que todo pensamiento es: “verdad”, implica un grado enorme de responsabilidad, en cuanto a tres aspectos a tener en cuenta: no olvidar que se trata de una verdad relativa; no confundirse y creer que se trata de una verdad absoluta; y, no enorgullecerse o ufanarse por las articulaciones precisas que se han concebido para expresar tales verdades.
Este tercer aspecto es fundamental, porque, ningún pensamiento elevado proviene del ego. La mentalidad de toda personalidad no es dueña de ninguna idea brillante, ya que los pensamientos profundos no los genera la propia mente. Estos son regalos de Tao, y a él hay que agradecer la inspiración.

No digas, «he encontrado la verdad», sino, antes bien, «he encontrado una verdad».” -Khalil Gibran-

querido maestro y caminante taoísta, instructor de Tai Chi, Chi Kung, y Neidan, entre otras disciplinas y artes de Oriente. Desde 1979 coordina un proyecto destinado al cultivo del Ser, que nació con el "Programa Integral del Centro del Tao", y se extiende hasta la fecha, con la "Delineación del Tercer Estado". El presente escrito es un fragmento de su curso "Vivir la Existencia".


lunes, 23 de marzo de 2020

Sobre el sutil arte del Wu Wei


Una noción muy extendida en los estudios filosóficos chinos propone que el sabio taoísta actúa por la no acción (wu wei). En Occidente, este concepto fue muchas veces malinterpretado, asimilando la idea de wu wei a la de un pasivismo quietista. En realidad, esta no acción tiene que entenderse como acción en favor de lo natural o como acción que no interfiere en el curso de la naturaleza. Algo que responde bien a la idea de “lógica negativa” que proponía Mircea Eliade, la cual tiene la ventaja de trascender las nociones contradictorias, la lógica aristotélica, la afirmación y la negación, inculcando el principio de un tercero misterioso. El taoísta colabora “negativamente” sin hacer; “no haciendo”, hace. Y de este modo, preserva el orden sugerido por el Tao. Su negación se vuelve así afirmativa.

martes, 17 de marzo de 2020

Lo masculino y lo femenino; lo blando y lo duro


"En vez de ser una forma de vigor, la rigidez y aspereza masculinas que adoptamos son sólo una parálisis emocional. Se asumen no porque controlemos nuestros sentimientos, sino porque los tenemos, junto con todo lo que hay en nuestra naturaleza de simbólicamente femenino y de entrega. Pero un hombre que está paralizado emocionalmente no puede ser macho, es decir, no puede ser macho en relación con la hembra, pues si va a relacionarse con una mujer debe de haber algo de mujer en su naturaleza".

Alan Watts
"Naturaleza, hombre y mujer" (1958). Editorial Kairós, páginas 117-118.

☯️☯️☯️☯️☯️☯️☯️

En el mes de Mayo la Red de Estudios Religare abre un nuevo espacio: Tres sesiones con Alan Watts. Los esperamos 👋

sábado, 2 de febrero de 2019

Feng Liu, el arte del placer

 

El gozo del instante presente; el disfrutar la vivencia que transcurre; el deleitarse con la vida que está sucediendo en el mismo momento, con lo que pasa en el aquí y ahora; la delicia indescriptible del aire que se inhala durante la respiración consciente que, únicamente, puede ser experimentada en el ahora, digo: a-hora, que significa sin hora, sin tiempo (a-tempore) atemporal, contrario a lo transitorio, que igualmente puede ser traducido como a tiempo (puntual) no fuera de tiempo, sin llegar tarde a la vivencia real del Ser y el Estar. Asimismo, el experimentar el encanto de sumergirse emocionalmente en la situación que acontece, sumergirse en la naturaleza, en un paisaje; zambullirse de lleno en el instante, en el momento, en el presente, en el aquí y ahora, es, precisamente, de lo que se trata el maravilloso arte practicado por los taoístas de antaño, conocido como Feng Liu (风流 - fēngliú).
-
Digamos que, para estas almas que jamás se consideraron taoístas (nosotros los llamamos así para identificarlos y saber de quiénes estamos hablando), que, entre muchas comunidades, conformaron en el año 240 aprox. el famoso “Retiro de los Siete Sabios del Bosque de Bambú” (竹林七賢 - zhúlín qī xián), estuvieron centradas en el feng-liu, sin duda, almas que han dejado un gran legado a la humanidad.
Su argumento principal consistió en que perderse la percepción del momento del instante presente por dejarse cautivar por algunos de los intereses que la mente gestiona sin cesar, por una especulación o mera proyección del pensamiento, es perderse la vida. Lisa y llanamente.
-
Es decir, ponerle una intención al momento presente, es la mejor manera de erosionarlo. Por ejemplo, irse con la mente al momento siguiente, es matar el presente. Especular con la siguiente hora, es desvanecer el ahora. Toda buena intención que se ponga en el mañana, toda meta, es un viaje directo y sin escala al último instante de vida en este plano.
-
Sentir el pulso cardíaco, la sensación que vibra en el interior del pecho, el chi vital que circula por el corazón junto con la respiración consciente, es una de las herramientas para recuperar la vida, y ésta es una de las primeras pautas prácticas del Fengliu.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Sobre la sublimación


En términos de la alquimia «neidan», podemos decir que la sublimación, considerada una vivencia cumbre dentro del taoísmo, se lleva a cabo de varias maneras en lo que concierne a la metodología taoísta.
Por ejemplo, uno de los modos más simples de sublimación se consigue a través del ahondamiento de la “conexión” con Tao. Porque, cuando esta conexión es genuinamente sentida, concientizada, cuando es profundizada y desarrollada, provoca una de las transformaciones substanciales primarias más básicas, aunque, la más contundente y esencial pregonada por esta corriente.
La conexión, por sí misma, es reparadora, sanadora, trae bendiciones a quienes la experimentan, y es fuente de dicha y completitud cuando se mantiene activo este enlace esencial.
Por supuesto, la conexión no es algo que vaya a suceder por el mero deseo de probar de qué se trata, como tampoco, nadie puede proporcionarla desde afuera ya que tan sólo se establece cuando cada quien enciende su receptor interno a conciencia, de manera sintonizada con el estado de presencia.
Correspondiendo con esto, la filosofía taoísta facilita una serie de herramientas, teóricas y prácticas, con el propósito de que toda persona pueda consolidar esta sublime conexión y estado de conexión con la existencia y beneficiarse de sus prodigios. 

Precisamente, el tratado del Tao-Te-King está orientado a explicar el “poder” que subyace en este estado supremo de conexión con la existencia, comprendido dentro del contexto de los siguientes términos:
TE: Poder-Fuerza - 德.
TAO: Camino-Sentido - 道.



jueves, 11 de octubre de 2018

Sobre el Tao y el Logos


Sobre el Tao y el Logos
por Josè Ignacio Gonzàlez Faus*

Aunque las grandes manchas de color son a veces simplistas, pueden resultar también pedagógicas. Corro, pues, el riesgo de simplificar para ayudar a entender un poco los universos mentales del Occidente en que vivimos y de ese Oriente al que miramos y al que muchos miran para salir de su sensación de vacío.

La gran aportación de Occidente a la historia humana la dio Grecia con el descubrimiento del Logos. Este término clásico significa a la vez palabra, razón y sentido: brotó de la experiencia de que las cosas son ­razonables: tienen una lógica que puede ser captada y expresada por nuestra palabra. Esta armonía, este encuentro entre la realidad y nuestra mente es una de las primeras experiencias de sentido: si no hubiera posibilidad de encuentro entre la realidad y nosotros, nos encontraríamos ante un sinsentido impresionante.

La experiencia fundamental del Oriente me parece ser la del Tao. Y quizá no es casualidad que la obra de Lao-Tsé, autor del Tao-te-King (libro de la virtud y del Tao) sea, luego de la Biblia, la obra más difun­dida en la historia del mundo. Pero el Tao es indefinible: no se comunica con conceptos sino provocando su experiencia. La traducción mejor del Tao podría ser lo que los cristianos llaman el Espíritu, el cual es también inobjetivable. Hay definiciones del Tao que parecen extrañas, pero no lo son: “El Tao es el camino infinito que conduce al Tao”. “El Tao no lleva a cabo ninguna acción, pero no deja nada por hacer”. “Cuando su tarea ha sido cumplida y las cosas han sido acabadas, todo el mundo dice: las hemos hecho nosotros”… ¡Y eso vale exactamente del Espíritu Santo de los cristianos!

Dejando ahora las connotaciones religiosas, creo que, con el Logos y el Tao, nos hallamos ante dos experiencias originarias, y complementarias, de apertura a la realidad: una desde la visión y otra desde la respiración. La posibilidad de ver permite objetivar las cosas: así las conocemos (o creemos conocerlas) y podemos manejarlas: por eso es normal que del Logos occidental haya surgido la técnica, que nos permite dominar las cosas, con el peligro de erigirnos nosotros en sujetos y, por tanto, en superiores. En cambio, la conciencia de la respiración nos permite percibir la vida, darnos cuenta de que vivimos y, a la vez, de que vivir es estar recibiendo: pues si te falta el aire te ahogas y mueres.

Pero la experiencia de la respiración, del vivir, siendo más honda y menos pretenciosa que la de la vista, puede llevar a un inmovilismo conservador ante el mundo que nos envuelve. Desde la vista, el hombre se siente superior a las cosas; desde la respiración se siente casi inferior a ellas. Y otro detalle curioso: nuestra posibilidad de hablar viene del hecho mismo de la respiración: expulsamos el aire articulándolo en forma de sonidos. Pues bien: un himno medieval al Espíritu Santo decía que “enriqueces la garganta con la palabra” (“sermone ditans guttura”).

Si he sabido evocar esa doble experiencia fundante y fundamental, parecerá claro que nuestra plenitud humana reclama el encuentro entre las dos, sin que ninguna ignore o excluya a la otra, pero de modo que ambas se complementen y se controlen. El Logos expresa, el Tao empapa; el Logos explica lo exterior, el Tao llena nuestro interior. La palabra puede ser superficial, el Tao es necesariamente profundo.

Con la terminología cristiana (de Palabra y Espíritu), un autor del siglo II, san Ireneo, decía que esas son “las dos manos de Dios”. Y será verdad que la Encarnación de la Palabra es el tesoro de Occidente, pero es también verdad cristiana que el Espíritu ha sido derramado “sobre toda carne” (Joel 3; Hchs 2). Por eso, toda auténtica experiencia espiritual humana, nazca donde nazca, procede del mismo Dios a quien confiesan los cristianos y no hay, por tanto, posibilidad de exclusivismos sino más bien obligación de acoger a Aquel que (como el aire) “sopla donde quiere” (Jn 3,).

La teología, y aún más la piedad occidental (tanto católica como protestante) adolecen de un olvido del Espíritu que ha llevado demasiado a tratar de explicar las cosas, más que a vitalizarlas o cambiarlas. Cuando Marx escribe su famosa tesis 11 sobre Feuerbach (“hasta ahora los filósofos han explicado el mundo; lo que importa es transformarlo”) está dando una versión laica de esta misma tesis teológica: el mundo del Logos necesita al Tao (o al Espíritu en lenguaje nuestro).

Más allá de alusiones teológicas, parece claro que Occidente necesita hoy una ­buena inyección del Tao que devuelva calidad y plenitud humana a su Logos, a su razón y a su palabra: porque sin Tao se ha ido convirtiendo en “razón instrumental” y búsqueda del máximo beneficio eco­nómico. Aunque también, según me comentó Raimon Panikkar la última vez que nos vimos en Tavertet, él temía que Oriente ­esté perdiendo su Tao, contagiado por ese virus occidental del máximo beneficio económico…

La primera globalización que necesitamos es, pues, la del encuentro entre el Logos y el Tao.

*sacerdote jesuita y filòsofo español

lunes, 1 de octubre de 2018

Asedios al Tao filosófico #1, por Darin McNabb





He aquí una excelente introducción, en tres partes, a la filosofía originaria del taoísmo, por parte de Darin McNabb, profesor en filosofía en el Instituto de Filosofía de la Universidad Veracruzana en Xalapa, México. Recomiendo fuertemente su visionado, ya que además de conciso, McNabb saber ser preciso y súper ilustrativo al exponer los principales conceptos de este camino natural de vida. Damos bienvenida, de esta manera, a nuestro mes gregoriano de Octubre, celebrando, además, los últimos días del Gallo de Metal en curso. ¡Tzu Jan!


viernes, 14 de septiembre de 2018

Peter Yang y su cristianismo taoísta


"Soy una persona que tiene una visión taoísta-cristiana. El primer denominador común entre ambos es su carácter creador: los dos son origen de todo lo que hay en el universo y en ambos se implica la libertad creadora, pues su acto creador no obedece más que a su propia norma. Esta norma es más explícita en Dios, pues es el amor el que alienta sus actos, incluso se dice que Dios es Amor, identificándose plenamente (esto no se entiende), sin embargo en cuanto al Tao, su voluntad no queda enmarcada en ninguna norma, excepto la que dicta sus acciones: la fluidez, la suavidad y la discreción.

En los dos casos, Tao y Dios responden a una realidad única, incomparable, inabarcable, inimaginable e incomprensible para el ser humano. Estas cualidades hacen que no podamos hablar de ellos sin pecar de simplismo o de presunción. Tao y Dios no tienen sentido si no hay una creencia, si no hay una aceptación de su existencia más allá de la nuestra. El cristianismo se basa en la fe, mientras que el taoísmo se basa en el sentir. Pero sin consciencia ninguno de los dos existe.

Jesucristo dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida", y ese es el punto en que Dios y Tao están más cerca. El taoísmo significa vía, camino, sendero, y Dios está al final del camino. Con la fe cristiana seguimos a Jesucristo en cada acto cotidiano, en cada servicio a los demás, ese camino es vivir de verdad, vivir la vida de forma sincera. Con el camino taoísta, nos serenamos para poder reconocerlo en cada instante de nuestra vida, sin que nada se interponga y nos distraiga. El taoísmo es lo natural y el cristianismo lo sobrenatural o divino, apenas hay diferencia entre aire y gracia, respiración y oración, energía y espíritu".

Peter Yang (1921-2014), sacerdote católico y maestro taoísta

domingo, 12 de agosto de 2018

Ventana "cristiano-taoísta": el Tao Te King


Ventana "cristiano-taoísta": el Tao Te King, por José Antonio Vázquez*

Junto con el confucianismo, el Taoísmo es una de las tradiciones espirituales que hunden sus raíces en el pasado de China. Su origen exacto es difícil de determinar. Sus ideas básicas, el Tao y el yin-yang, se encuentran ya en el I Ching (Libro de las Mutaciones), que recoge enseñanzas provinientes de la más antigua cultura china, la Hoang-Ho.

Esta escuela comenzó probablemente con los eremitas”[1], cuyas enseñanzas se habrían puesto por escrito a final del siglo IV a. c., constituyendo el estrato original del Tao Te King, al que después se fueron añadiendo sucesivas estratificaciones.

La tradición china considera como autor del libro a Lao Tse, un personaje que habría vivido en el siglo VI a.c. Pero hoy se piensa que Lao Tse es un personaje legendario, construido sobre la base histórica de un personaje real llamado Li Er, que habría vivido en la época de los reinos combatientes (403-222 a. c.).

El taoísmo se configura como religión organizada, por influencia del confucianismo y del budismo, en la segunda mitad del siglo segundo de nuestra era. Para entonces el taoísmo religioso ya había recogido gran parte de las prácticas religiosas populares chinas (práctica de la magia y la adivinación, de la alquimia, culto a diversas divinidades populares, prácticas respiratorias y terapeúticas corporales diversas…).

Hoy el taoísmo esta organizado en cinco escuelas diferentes, y cuenta con una institución no centralizada, formada por diversas agrupaciones de sacerdotes y monjes, con templos, culto propio, etc…

El Tao te king es el libro fundamental del taoísmo. Tao significa vía, camino. Te significa eficacia, manera de conformarse o virtud, y King significa tejido o libro. Por eso se suele traducir como el libro del Camino y la Virtud.

Es un libro breve (unos 5000 caracteres aproximadamente), que recoge una recopilación de aforismos, restos de poemas esotéricos y de fórmulas filosóficas, en las que se expone la sabiduría taoísta colectiva.

Se cuenta una leyenda para explicar el motivo de su redacción, atribuida a Lao Tse, a quien se le considera de naturaleza sobrehumana. Lao Tse, habría nacido de una virgen, que le dio a luz debajo de un ciruelo, tras comerse un huevo en forma de perla. Fue un niño anciano, que nació con canas y arrugas. Al crecer, realizó viajes por diversos países de Oriente y regresó a China, en la que trabajó como funcionario. Desapareció de China, cruzando la frontera, y es allí, al cruzar el límite del Imperio, donde el oficial de la frontera Yin hi, reconociendo su sabiduría, le pide que la ponga por escrito, naciendo así el Tao Te King.[2]

Enseñanzas del Tao Te King

La idea central del libro es la del Tao (palabra que aparece 76 veces). “se trata de lo real autosuficiente, que existe por sí mismo y que es origen de todo”.[3] Este Tao es inaprensible, sólo se puede percibir en la alternancia de sus dos aspectos, el yin y el yang.

Estos son dos principios metafísicos que regulan y se manifiestan en todo que existe. Yin es lo femenino, profundo, la fase de contracción de los fenómenos. Yang es lo masculino, manifiesto, la expansión. Ambos se mantienen en un equilibrio inestable, pero se necesitan mutuamente (el uno no puede existir sin el otro) y cada uno alberga el germen del otro.

El Tao genera el uno.
El uno genera el dos.
El dos genera el tres.
Y el tres genera todas las cosas.
Todas las cosas contienen en su interior el yin y el yang
Y obtienen la armonía por la combinación de esas fuerzas
”.[4]

El libro en realidad “habla… de un Tao , llamado ”.[5] Es decir, se ocupa sobre todo de la dimensión Yin de la realidad. No es, por tanto, un libro de filosofía metafísica o religiosa sino un libro práctico, que propone un camino místico, interior, yin.

Para Lao Tse la vía yin o femenina es superior a la vía yang (lo místico a lo puramente religioso). Sólo actuando desde nuestra dimensión más profunda nuestra acción puede ser correcta.

Lo femenino por su quietud,
vence siempre a lo masculino
”.[6]

Desde esta posición complementa y corrige al confucianismo, la ética china, que regula las relaciones personales y públicas a través de preceptos y principios externos. Por eso en China se dice: “el hombre perfecto es confuciano de día y taoista de noche”.

La mística taoista es una mística lo más vitalista y lo menos intelectual posible.

“el sabio no es culto
el culto no es sabio
”.[7]

Por ello, el taoísmo se interesa por todas las prácticas que alimentan la vitalidad: prácticas respiratorias, movimentos corporales, técnicas sexuales, meditación (hay que decir que el taoísmo ha influido mucho en la meditación Zen budista).

Una idea-fuerza ha guiado estas prácticas taoístas: conseguir la inmortalidad o una larga longevidad. De hecho, influidos por la alquimia utilizan el cinabrio refinado como elixir para conseguir este objetivo.

Señalo dos prácticas taoístas muy características:

- La respiración “embrionaria”: que busca llevar la respiración hasta los pies, luego subirla hasta la cabeza y terminar llenando el pecho.

En el mismo Tao te King se hace mención a la importancia de la respiración.
¿sabrías armonizar tu respiración
y volverte tan suave y dúctil como un recién nacido?
”.[8]

- La visualización de dioses, como práctica de meditación. La piedad y la práctica corporal van unidas en el taoísmo.

Con estas prácticas se consigue situar a la persona en su centro interior, para que actúe desde este lugar. Es la doctrina del Wu-Wei (actuar sin actuar), es decir, volver a la acción espontánea, a la acción que surge desde lo profundo y que, por ello, siempre acierta. No es una doctrina “quietista” es una praxis para la vida cotidiana.

El taoísmo no invita a huir del mundo sino a actuar en él desde la interioridad, desde el yin. Actuar sin dejarse inundar por los acontecimientos. Con esta filosofía el taoísmo ha sido muy activo en la lucha contra el autoritarismo, la guerra, el ritualismo, el legalismo y moralismo…

una victoria militar debería celebrarse
como si fuera un entierro
”.[9]

cuando se abandona el Tao
aparece la moralidad y el deber
”.[10]

Lugares de encuentro con el cristianismo

En Tao te King es posible encontrar resonancias muy cercanas a nuestro corazón cristiano, que prima el amor, y al evangelio (la historia de Jesús).

Yo poseo tres tesoros
que tengo en gran estima:
el primero el amor
”.[11]

Quien carga sobre sus espaldas
las desgracias de la humanidad
merece ser el rey del universo
”.[12]

Incluso es curioso encontrar un simbolismo coincidente con el propio San Bernardo. Se trata de la referencia al valle.


Dice Bernardo:

Elige los valles para caminar y para plantar… en los valles… se cosecha ciento por uno… al valle se le encomia siempre y a la humildad siempre se la ensalza… allí abundan los dones del Espíritu”.[13]

El Tao Te King afirma:

Quien conoce la dignidad y conserva la humildad
es un valle que contiene el universo.
Siendo un valle que contiene el universo,
Conserva siempre la virtud
”.[14]

Creo que a Bernardo le hubiera gustado esta frase del Tao Te King con la que concluyo, a modo de síntesis, esta breve introducción.

El espíritu del valle nunca muere”.[15]


[1] P. Poupard (dir.), Diccionario de las Religiones, Herder, Barcelona, 1987, p.1706.
[2] Lao Tse, Tao Te Ching, integral, Barcelona, 2002, p. 12-13.
[3] P. Poupard, o. c. p. 410.
[4] Tao te King, cap. XLII.
[5] M. Eliade, Historia de las Creencias y de las Ideas Religiosas, Tomo II, Cristiandad, Madrid, 1979, p 42.
[6] Tao Te King, cap. LXI.
[7] Ibíd., cap. LXXXI.
[8] Ibíd., cap. X.
[9] Ibíd.. cap. XXX.
[10] Ibíd.. cap. XVIII.
[11] Ibíd.. cap. LXVII.
[12] Ibíd.. cap. LXXVIII.
[13] San Bernardo, Obras Completas, Tomo III, BAC, Madrid. p. 629. Sermón en el nacimiento de San Benito n. 4.
[14] Tao te King, cap. XXVIII.
[15] Ibíd.. cap. VI.

viernes, 6 de abril de 2018

Confucianismo & Taoísmo (Charla Introducción)


Un pequeño acercamiento a las filosofías chinas (Confucianismo y Taoísmo) por parte del psicólogo español Rafael Mateu Sanz. La charla forma parte de un ciclo de conferencias semanales que, sobre distintos temas, dicta el profesional en la región de Valencia, España. 

viernes, 12 de enero de 2018

Nosotros (por Sergio Sclovich)


por Sergio Sclovich

Suele haber en diferentes culturas algún término que denota lo desconocido y que a su vez hace referencia a algún tipo de divinidad. Algunos usan el término Tao, otros Universo. En la cultura Judeo/cristiana utilizan varios nombres pero el más común es Dios. A fin de mantener el respeto a la idea de no usar el nombre en vano en adelante me voy a referir a Él, salvo se cite.

Desde la primera vez que leí la frase de Aldous Huxley: “Danos hoy nuestra Fe cotidiana, más líbranos, querido Dios, de la creencia”[1] nunca la olvidé y cada ve que me la repito me fascina más. Y es esta frase la que resume la idea donde mi pasión por la ciencia y mi admiración por el universo (como me gusta llamarlo) pueden coexistir.

¿Se puede hacer ciencia creyendo en Él? Definitivamente no. El método científico nos propone no presuponer nada, mantener una mente abierta y basar nuestras conclusiones en los resultados de experimentos y observaciones.

¿Se puede tener Fe creyendo en Él? Definitivamente no. La fe requiere de ese avanzar sobre lo desconocido que Él denota. Cualquier creencia no es más que una ilusión, una construcción en nuestra mente de, por ejemplo, el futuro.

¿Se puede hacer ciencia con Fe en Él? Ambas nociones, hacer ciencia y tener Fe, nos protegen de la creencia. Alrededor de lo poco que se puede concluir a partir de resultados, según indica el método científico, hay un sin fin de desconocimiento y este método funciona en esa realidad. En ningún momento una contradice a la otra. Seguir el método científico es como avanzar sobre un camino a oscuras con una lámpara, cada paso que damos es dentro de lo que la lámpara nos ilumina. Es un paso relativamente seguro pero nada sabemos del próximo, hasta que avanzamos y vemos un poco mas. De hecho tampoco vemos hacia atrás, sólo nos queda el recuerdo de donde pasamos. De algún modo, con el método científico, avanzamos con una especie de Fe en que vamos a seguir pudiendo avanzar, o no.

Él y yo existimos en la realidad que vivo cada día, ¿creo que es verdad? No, no creo, ambos métodos que elijo me protegen de la creencia. ¿La falta de una respuesta a esta pregunta me impide usar el método científico? No.

Nosotros ¿existimos? La mera idea de estar preguntándomelo me responde de mi existencia ¿y de la de Él? Tal vez, la mera ignorancia de esta respuesta es el primer indicio de la existencia de lo desconocido, que es Él.

Volviendo a la pregunta ¿Se puede hacer ciencia con Fe en Él? Tengo Fe que sí. Por eso cada vez que recuerdo, rezo el rezo de San Huxley y procuro seguir el método científico al pie de la letra y según se indica en la cita en las letras al pie.

* Dr. en Biología.-Universidad de Buenos Aires. Practicante Zen

[1] La Isla, Aldous Huxley editorial sudamericana, 1998. Barcelona, España. Traducción:Floreal Mazía

viernes, 10 de noviembre de 2017

Apología del Taoísmo (Descarga)



Giuseppe Tucci, famoso orientalista italiano, y especialista en la cultura tibetana, realiza en este breve ensayo un lucido análisis del taoísmo, y especialmente de su texto seminal: el Tao Te King (Libro del camino y la virtud). Sus reflexiones sobre los conceptos básicos de esta espiritualidad, continúan siendo imprescindibles. Desde este enlace se puede descargar el libro en formato PDFhttps://goo.gl/ibB3Uj

viernes, 6 de octubre de 2017

Actitud vital

Monje taoísta a las puertas del templo Hou Shi Wu, China

Ciertos filósofos chinos que escribieron alrededor del siglo IV A.C. expusieron unas ideas y un modo de vida que llegó a ser conocido con el nombre de Taoísmo.
El término Tao, se traduce se diversas formas: Curso, Vía o Sentido son algunas de ellas.
El Tao Te King, conocido como El libro del curso y de la virtud, expone estas ideas a lo largo de 81 capítulos breves.
Este libro, que no se deja encauzar por el lado de la filosofía ni de la mística, es el portal de una sabiduría sencilla, que conlleva una actitud vital muy especial.

Los principios de esta actitud vital se expresan a partir de la sabiduría del agua: blandura, adaptabilidad, no forzamiento, no resistencia, cualidades que consiguen vencer lo duro, lo fuerte y lo violento. 
Fluir sin forzar, intentando no extraviarse del curso, es el elemento esencial de esta actitud vital.

Consideramos al taoísmo como una “práctica transformadora” ,que se inscribe en el sentido de “nutrir la vida”.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Jacques Lacan y el pensamiento asiático


Una de las características del pensamiento japonés es que es un pensamiento mítico que no ha podido ser desplazado por otras influencias, sean éstas de tipo religioso, filosófico o científico, procedentes de oriente o de occidente. En esto se diferencia del pensamiento chino o coreano, que tienen una base conceptual.
El pensamiento mítico es sistémico o sea, capta al mundo como un sistema donde los elementos se relacionan entre ellos dependiendo uno de los otros. Oshima, un pensador japonés que ha traducido textos de Lacan, dice que en Japón el desarrollo de la tecnología electrónica es consecuencia del
pensamiento mítico porque se trata de algo operativo y no conceptual. Cuando un japonés habla utiliza muchos signos, tanto de origen chino (Kanji) como los específicamente japoneses (Kana). Notablemente, en japonés, existen términos al estilo de lo onomatopéyico, cuya traducción es
imposible, pero que tienen la función de describir estados de muy fuerte entre un lenguaje formalmente presentable, de la "cortesía", de la apariencia, y otro cuasi-infantil donde aflora más lo que tiene que ver con las sensaciones. Es muy difícil la traducción de correspondencia de un término japonés a otra lengua porque la palabra japonesa siempre surge en un contexto, no hay univocidad, en este sentido podemos entender que Jacques Lacan dijera que en Japón se habla de una manera metafórica.
Es en Lituraterre donde Jacques Lacan, después de su segundo viaje a Japón en los años setenta, reelabora el concepto de escritura y de letra para el psicoanálisis. Allí podemos situar las diferencias que entre Oriente y Occidente marcan a cada sujeto de lenguaje. Es en ese litoral entre el sujeto, el objeto a y el campo del Otro, donde podemos situar el lugar de la letra y el lugar del analista. Lacan estaba sorprendido de la traducción de sus escritos al japonés, pues no daba mucho crédito a la posibilidad de su desarrollo en ese contexto cultural.
Ubicamos el tema del vacío en la pintura china, a través de textos de François Cheng, un intelectual chino que se exilió en Francia, y si bien no fue paciente de Jacques Lacan, tuvo largas conversaciones con él que le aportaron muchos elementos para entender esta cuestión de cómo los orientales podían vivir con la noción de vacío y la noción de Tao, que implica dos cuestiones diferentes. El chino no es una lengua indoeuropea y entonces no conoce el verbo ser, en lugar de la cópula está este invento propio del chino que es la palabra Tao: "el hacer, sin nombre no habiendo deseo y el hablar, el puede convivir con estas dos cuestiones, con este dilema? Ahí es cuando aparece la noción de "vacío intermedio". Éste consiste en que hay, además de la oposición del Ying y el Yang, otro lugar: el que Lao Tsé le había otorgado al vacío intermedio y que aparece como el número tres, como una terceridad, como una versión del litoral.
Finalmente tomamos las enseñanzas de Confucio y de Mencio, este último retoma las enseñanzas del primero para contribuir a su propagación y transmitirlas de modo más sistemático y claro.
Confucionismo y Taoísmo no son tan opuestos, sino que enfatizan distintos aspectos; van a diferir en las soluciones prácticas que dan, tanto de la vida individual como social.
Para el Confucionismo es importante la vida social y por eso se va a transformar en una teoría moral y política, mientras que el Taoísmo tiene una visión crítica de cualquier intento de producir algo en la sociedad de manera artificial.
Mencio trabajó mucho sobre la moral, aunque no en sentido moralista, sino en sentido político. El término "Li" significa naturaleza humana con rectitud y la cultura de la "cortesía".
Es un modo particular de dirigirse a otro, según quién sea. El hecho de dirigirse con cortesía al soberano no implica que, a la vez, no se le dirija una crítica. Esta cuestión puede constituir una importante dificultad para la práctica del psicoanálisis en este contexto cultural. Sin embargo, si Lacan hizo tantas referencias a Mencio en sus seminarios, es porque allí encuentra, entre otras cosas, el sentido de lo oportuno en el analista: ser y decir lo que cada ocasión requiera.

Alicia Dellepiane
(Fundación Descartes)

sábado, 1 de julio de 2017

Buscando la inmortalidad


"Buscando la inmortalidad", por Gloria Estela Varela Porras
(Texto extraído de: https://revistabamboo.wordpress.com)

Hablaremos hoy de un tema muy importante y controvertido por el que se ha manifestado interés en muchas partes del mundo y respecto al cual recomiendo mantener una mente abierta, ya que con esa actitud es como han llegado los hombres de ciencia a los descubrimientos más asombrosos y logrado los resultados más sorprendentes. Por ejemplo, recordemos las maravillosas novelas de Julio Verne, en las que imaginó el submarino, el globo y algunas cosas más que mucho tiempo después se hicieron realidad.

Recordemos los temas de la ciencia ficción en donde se habla, para citar un caso, de viajes al espacio, de máquinas del tiempo que en una época eran increíbles y sobre las cuales el físico Stephen Hawking ha declarado que su construcción es posible, teóricamente hablando. Desde luego tenemos también el programa espacial de la NASA y una estación en el espacio…

Pero vayamos al grano aunque lo toquemos por partes. Como lo referente a la Alquimia además de discutible es complicado, entraremos en explicaciones detalladas tratando de aclarar lo más posible los conceptos básicos:

El taoísmo, (que ha tenido importante influencia no sólo en la cultura china) es, como palabra, derivada de un caracter de este idioma que se lee Tao o Dao y etimológicamente suele ser interpretado como “vía” o “camino”, aunque más bien podría entenderse como “intuición, sensibilidad, espontaneidad, vida” o de manera más abstracta como “sentido”. Su meta es la realización de la Unidad, que ésta se revele en las profundidades del Ser.

Si hablamos del Taoísmo a través de la historia, nos encontramos que en sus inicios éste era un conjunto de creencias que nacieron de la primitiva espiritualidad china y siberiana, que eran naturalistas, complementadas más tarde con la filosofía de Lao-Tsé—que se encuentra en el Táo Té King (El Clásico de la Vía y su Poder, o del Camino y su Virtud). Este libro es el más reconocido de todos de toda la literatura taoísta. Se calcula que existen 1390 libros de Taoísmo de diferentes autores, en la llamada Colección Taoísta Zheng.

En el siglo III A.C., el taoísmo se convierte en religión y un siglo más tarde, es ya un grupo religioso bien organizado. Actualmente presenta influencias de otras filosofías como el Budismo y el Confucianismo.

La Alquimia Taoísta

El objetivo más importante de la Alquimia china fue la búsqueda de la píldora de la inmortalidad y la juventud eterna a la que le llamaron “Chin Tan”.

En la primera época de la Alquimia se confiaba en encontrar los ingredientes para su elaboración en forma externa, (La Alquimia externa waidan recibió el nombre de Jindanshu «técnicas del oro y del cinabrio») buscando en una de las islas en donde se suponía que vivían los inmortales. Existían tres de estas islas de acuerdo a la leyenda, las que recibían los nombres de P´en-Lai, Fang Chang y Jenchou y también se habla de otra isla a la que se llamó Mu y que algunas personas relacionan con Lemuria.

Se conoció otro tipo de Alquimia, la Alquimia interior o interna: neidan: Jindan pai beizong o Quanzhen y Jindan pai nanzong que se dividió en dos grandes corrientes de Alquimia Interior conocidas como «del Norte» y «del Sur». Esta Alquimia se esfuerza por trasmutar las energías internas del cuerpo humano en energía espiritual, en unidad y sabiduría. Pretende armonizar las energías Yang, Yin para obtener el saber superior que es como un loto que espera impaciente a que lo abramos dentro de nosotros. 


Este es el modelo de una alquimia secreta que implica la práctica sexual real o simbólica. El cuerpo se concibe como un templo viviente y el objetivo es perfeccionarlo para convertirse en algo más que humano absorbiendo energía de la pareja o de la parte opuesta al sexo del individuo (si es mujer de su parte masculina y si es hombre de su parte femenina) También se considera posible crear un embrión inmortal que madura en el vientre y se libera por la coronilla como cuerpo solar. Esto se supone que es la tan buscada victoria sobre la muerte.

Lao Tsé fue deificado como dios taoísta -un “inmortal”-, encabezando un enorme panteón de héroes folclóricos, generales famosos y sabios, todos los cuales alcanzaron la inmortalidad según el mito.

A la Alquimia Interior en China se le denomina el arte del amarillo y el blanco (por el oro y la plata o sus sustitutos).

Oro, plata, magia e inmortalidad

La tradición habla que la alquimia surge hacia el año 3000 A.C., aunque esto no es comprobable. Existen datos que nos podrían llevar al siglo VI A.C. Sin embargo, el primer informe escrito acerca de la alquimia lo encontramos en el libro llamado Shih Chi(Notas Históricas) redactado por Su Ma Ch´ien que vivió sobre los años 163 a 85 A.C. durante el periodo de la Dinastía Han (Siglo I A.C.) cuando la alquimia estaba muy extendida en China.

En el Shih Chi se consigna que en dicha disciplina además de la transformación de metales no preciosos en oro y plata, también se estimaba y trataban todas las formas de magia y encantamiento. Fuentes de cronistas de la época, nos cuentan que los alquimistas pretendían ser capaces de reconocer emisiones gaseosas del cuerpo humano, con las cuales podían adivinar el futuro.


Wei Po Yang (alquimista chino que llegó al mundo en el año 120) dedicó su vida a obtener la inmortalidad y se cuenta que con sus investigaciones y experimentando en sí mismo logró alcanzarla. El tratado taoísta del siglo II d. C. denominado Wei P´o Yang (escrito por el alquimista del que estamos hablando) se considera la obra más antigua de la alquimia china. Este libro trata sus secretos, además de ocuparse del “Elixir de la Inmortalidad”.

El alquimista chino mas conocido es Ko Hung (284-361 d.C.) el cual utilizaba el seudónimo “Pao-P´u-tzu” y que publicó una extraña obra con este mismo nombre. Expuso de manera extensa y exhaustiva el sistema para la transformación de metales, como por ejemplo el cambio del plomo blanco en uno rojizo o al revés, y la fabricación del “Elixir de la Vida”. También mencionó una tintura dorada a la que denominó “Chin-Ye” que se podía comparar con la tintura Auri utilizada en la alquimia occidental.

Durante las Dinastias T´ang y la Sung , la alquimia gozó de protección y aprecio por parte de los Emperadores. El alquimista más conocido en ese periodo fue Chang Po-tuan el cual redactó un libro con el titulo de Wu-chen p´in (Tratado sobre la Alquimia) en el que comentaba muy extensamente el secreto arcano del que el llamaba “El Elixir Interno y Externo”.

Al empezar la Dinastía Yuan (1279-1368) bajó la reputación de la Alquimia y los alquimistas se limitaron a comentar los escritos difíciles de comprender. A partir de la Dinastía Ming, los alquimistas desaparecen de la corte del Emperador y se refugian en las montañas.